Laberinto

                                                                                          .
Seca ramas de sauce entrelazadas.

Serán coronas de lluvia. También llena
bolsas de viento. Esconde en un jardín
abandonado sus muñecas sin cabeza.

Para ella el sol es solo una araña
que teje el rocío. No sabe que se reza
a sí misma. Ni que es tan bella
su absurda penitencia.

Su madre le arroja cosas para que se vaya
y ella queda atrapada en medio de ilusiones.
Está asustada. Querría ir a cazar una
mariposa.

Yo la amo muchísimo. Si supiera cuanto la amo
flotaría sobre el césped. Recuerdo una noche.
La seguí hasta un lugar que decía ser seguro.
Justo allí nos aguardaban los tigres del hielo.

Nunca sabremos cuándo terminará todo esto.
Su madre está muerta. Sin embargo la aconseja.

Ahí viene. Otra vez trae en la red un dragón
creyendo que es una mariposa. Su madre le dijo:
“hacele creer a cada hombre que te gusta mucho”.

Y ella ya no sabe si seguir obedeciendo
o cortarle la cabeza a otra muñeca.



Mauricio Escribano

Imagen Polina Washington

















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