Del otro lado

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Los miré fijo, a cada uno le sostuve
la mirada. Los miré bien, como a pájaros
que no alcanzan a volar y nos ven
por la ventana. No les dije una palabra.
Ellos vieron que la luna ahora estaba
en mis poemas, que mi rostro encerraba
sus verdades. Vieron las ollas, las tijeras,
tu vestido manchado por las moras,
y una lámpara difusa en nuestro cuarto.
Supieron que en tu cuello hay un collar
de besos en hilera, que tu nuca erguida
maúlla entre mis manos, y que hondo
en tus pupilas ya vuelan mis halcones.
Les repetí el silencio a todos, honradamente,
por si eran sordos. Sólo entonces contestaron
que se iban, y un cigarrillo les colgaba
de los labios. Los miré fijo, puse mi cicatriz
frente a la puerta, y mordiéndose la lengua
se perdieron para siempre calle abajo. 


Mauricio Escribano

Imagen Noelle Buske

















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