Loxodromia

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Se han burlado de mi muda valentía,
han dicho que era fácil treparse
a un hongo de labio suave, que cualquiera
estrella un beso contra un pájaro, y muerde
peces rojos en tus pechos desbordados.
Me acusan de haberte convertido
en una lluvia imaginaria, andan
en mi búsqueda, hablan de mi insomnio,
y asan liebres en la noche, pidiendo
tu piel nacida en marzo.
Para ellos tengo trampas forestales, manos
que doblegan maquinarias, oscuras luces
de filo inmóvil, capaces de hacer tiempo
como lobos en la sangre.
Vienen por mí, pero quieren mi zafiro,
la tinta de mi memoria tatuada en el vinilo
de tu nuca, te quieren a ti, que te arrepientas
hasta desnudarte, levantarán cruces,
encenderán árboles, querrán quemarte
sino renuncias a lo nuestro.
Ya se construyeron hombros
parecidos a los míos, fuegos surrealistas
para que no me extrañes, te dirán
que el amor es un hueso que sueña.
Les dirás que soy un hombre solitario,
que vivo al sur junto a la infancia,
que se den prisa en volver entre tus cosas.
Ellos no saben que yo aprendí de ti el arte
de la magia, te verán niña, diles
que te arranquen de mis ojos, que me caigan
como bestias cuando duermo, que tu estarás
a salvo si me matan.
Se darán coraje mutuamente, apuraran el paso
por vengarte, y cuando vengan, yo ya estaré
llegando para calmar tu boca inmensa.


Mauricio Escribano 

Imagen Sara Robin







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