Retórica erótica


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Tengo la pequeña sensación de estar en casa
sostenido de una aguja como un hilo
cosiéndole estrellas al cielo
permitiendo que el calor me abrevie
en una caricia de gatos acostados en la alfombra
mientras preparo la pólvora del alma
para abrir fuego
y volarte la nuca con balas de lengua.
Ahora no sé en qué parte de tu vestido
cae domingo
ni si tus rodillas sabrán sostenerme
con la fuerza delicada de una espina
ni si tu voz es de jengibre o porcelana.
Imagino que tus manos son pequeñas
y como hostias de membrillo son tus besos
disolviéndose en mi boca.
Aun así te mataré sin miramientos
por la espalda.



Mauricio Escribano





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