En teoría

                                                                                                             .
Cuelgan exactas las noches
donde ella las deja.
Cada moneda en su lugar
también el polvo
y el gemido de su nacimiento.
El mismo tacto
los santos
las velas
el peso de la lluvia
y el viento que se niega
siquiera a mover algo.
Para ella
cada hebra de su cuerpo
es una trampa que al cerrarse
atrapa el infinito.
Aunque luego llore sus palomas
en el funeral de cada plaza
y le queden por delante
los días inconclusos.


Mauricio Escribano



Imagen. Arslan Ahmedov









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