Aterrizaje forzoso




Aquí hace frío
un frío que gotea de los párpados.
No sé qué hacer
en este kilómetro muerto
detrás del horizonte.
He ganado mis derrotas.
Soy el pie enamorado
de la piedra. Un ojo de mi cara
sueña con la terquedad de los buriles
que emplumaron mi derrumbe.
Vos acumulás el polvo de la luna
meciéndote en cómodos sillones
y por noches solo tuyas
recorrés el aguacero de mi sangre
bajo un paraguas desnutrido.
A mí se me mueren dulcemente
las mañanas. Decime cómo lloro.
Cómo sostengo al hombre
en las arrugas de tu frente
de metálica nostalgia.
Cómo empuñar el viento
en las hornallas de septiembre
y no acordarme de morderte
en los cajones donde
guardás pájaros de hierba
y voces delatoras.
Con qué insectos sellarás
las cerraduras escondidas
si incendiamos el granizo
y el frío quema en tu cintura
diagramada para amarte.
Decime. Entrá en mi asfixia.
Con qué palabra venenosa
cubrirás las ventanas
ganadas al olvido
mientras yo rondo el cadáver
de tu casa
y te tuerzo las paredes
aún manchadas con mi tinta.
Te me vas del almanaque.
Y yo me arrodillo
a rugir el huracán de la vejez
que me aguarda como
un niño perdido para siempre
ante una rosa.


Mauricio Escribano



Imagen . Francesca Woodman





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