Lejos más te quiero





Quise tocarla en clave del mayor sol
pero ella -experta en fugas-
saltó las alambradas del pentagrama y voló.
Quise con abordaje de terciopelo
atender la sed y el hambre de su carnalidad
pero ella -atrapada en un claro de luna-
presentó la espalda y voló.
Quise afinar, poner de acuerdo tono ritmo color
pero sus cuerdas viajaban otras latitudes
y de sus vientos mejor no hablar.
Recuerdo, sí, y cómo
los truenos degolladores de la noche
que disparaba el timbal que Dios sabe
quien puso en escena;
y la sábana negra también que -siempre dije-
no presagia nada bueno.
Cierto, real y arde el “se mira y no se toca”
de la querida, así, de cara a la nada;
a cincuenta centímetros de mí,
a cien kilómetros, a un siglo de mí.
Nada más resta cruzarme de vereda
y bajo bajito ponerme a silbar.


Marcos Silber


. Imagen . Jolie Clifford

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