Dos bocas

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Antes de besarse
se quedaban un buen tiempo
mirándose
hasta que les dolía las ganas de besarse.
Luego de besarse
otra vez se abandonaban
sin poder tragar el infinito.
Cada beso era un crimen
que los volvía a dejar expresamente solos.
Entonces caminaban separados
para llegar al mismo lugar
donde siempre se encontraban.
Bebían té de jengibre y cardamomo
hasta que la boca
se les llenaba de escorpiones.
Y otra vez les dolía el veneno de besarse
y mordían sus labios y se chupaban los dedos
como si comieran de un frasco de estrellas.

Mauricio Escribano


Imagen. Harry Benson



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