No lo saben

                  .

Se paran en un hilo
se disfrazan de muñecas
de ángeles con cuatro alas
desenroscan sus cabellos
en altares de pureza.
Arrojan mariposas en mi vino
me regalan huevos de luna divisoria
se ordeñan las pupilas para alimentarme.

Son todas como los días futuros
hornacinas colocadas en hilera.
Se postran a rezar, se aprenden
de memoria mi tristeza, que estuvo
viajando donde ignoran.

Son sexuales, granadas de miel
encandilada, aventuran sus bocas
con fresias y rubíes, se quitan
el corpiño, bajan al ras de la tierra
sus espaldas, para que las monte
como a estatuas de mármol,
como a novias blancas de pimpollos
extraviados. 

Ponen de rodillas sus melenas enervantes, 
clavan sus tacos altos allí donde otros mueren,
presumen como estrellas a la hora
de decir "nosotros", sin saber de mi agonía.
Ríen definitivas, haciendo girar mi nuca
entre sus manos, respiran de mi boca
el misterio que yo ahogo. 

Se alimentan de mi espasmo, contraen 
sus pezones, para que ya no te busque, 
para que ya no me arrope en la torre más alta 
a palpar tus señales. Envidian tu sepulcro,
que te extrañe en todos los idiomas,
que te busque en todos los infiernos.

Vuelven y me dejan liebres en el pecho,
tintineos de oro intacto, no piden días,
no piden hijos, no piden nada. Solo
quieren al poeta. Verlo sangrar irreparable,
aunque no sepan, aunque no entiendan,
que yo he muerto de vos en otro lado.


Mauricio  Escribano













                                                                                                                                 


                .




3 comentarios:

  1. Muy bonito, Amigo, auténtico y agudo romanticismo. Un Poema fantástico y real como la Vida misma. Espero que me aceptes como Amigo no más. Un abrazo de libelula. Margarita

    ResponderEliminar
  2. Exquisitez... El complemento de "Otra luna" de Narcotango, sin palabras.

    ResponderEliminar