ya la noche está en el techo bajó del cielo con el último pájaro es la hora en que se descascaran las paredes de mi cuarto y miro esa lluvia deverano que se me insinúa a la entrada de los sueños antes de meterse en mi cama como una muchacha desnuda que cayó del viento coronada con ramas de sauce Mauricio Escribano Imagen Laura Makabresku
supe que no llegarías nunca a este lado del río tu voz se hundía en el espacio del agua atravesada de verdes abrías un agujero en mis ojos ahora aguardo la lluvia tiemblo en una isla inútil me apresuro cuando un pez salta en el aire extiendo mis manos no sé qué hacer que no sea para vos aunque me hunda Mauricio Escribano Imagen Rafael Milani
en cualquier parte podría estar el horizonte ella extiende sus dedos para reconocerlo sus pies ya no se asustan de andar equivocados es perfecta la noche de sus ojos el amor la dejo ciega para siempre Mauricio Escribano Imagen Laura Makabresku
el muro tenía una puerta pero si mirabas la puerta te perdías más adentro dabas pasos que llegaban al espanto del otro lado de la puerta yo apoyaba mis manos pero en el centro del encierro una mujer tejía flores en tu pelo afuera el jardín adentro tus pies envueltos en gasas y esas velas encendidas Mauricio Escribano Imagen Katia Chausheva
el viento golpeó la ventana ladró como un perro rojo electrocutó el vino quisiera contarte un cuento hablarte del día en que mis manos salieron al jardín a fumar un cigarrillo fue ahí donde lo supe ‹‹eras la mujer que dudaba del silencio de las hojas›› el viento lo decía colgaba bronces en la noche yo pisaba nubes frías de ternura mordía tus colores amarillos abría ríos a otros mundos Mauricio Escribano Imagen Laura Makabresku
hace tanto tiempo que no hablamos que las palabras que quisiera las palabras que me faltan para terminar este poema tengo miedo de escucharlas será que ya no son palabras nuestras sino palabras que se han ido de nosotros y se acurrucan temblorosas junto al fuego de aquel tiempo como un eco cavernario Mauricio Escribano Imagen Mami Eva
que pequeño es tu recuerdo en esta playa aunque camine a paso firme por la arena es profunda la marea del olvido no requiere de otras voces que las olas Mauricio Escribano
dicen que hay una música curadora nacida del duraznero y que los sentimientos que contiene mi garganta podrían encontrarse en la luz de una tormenta ya sabes que luego de la lluvia los frutos estallan y sueltan su música claro que no hay duraznos azules por eso a mí me gustaría ser un copo de nieve debajo de una nube abrupta para definitivamente derretirme en tu boca cuando al llegar el pavimento del invierno escasee la abundancia Mauricio Escribano
El amor no era eso. Ni las palabras que se besan ni el edicto de la piel ni el misterio de los ojos que fulminan. El amor era otra cosa. Era la suma de los días menos el resto del olvido. Lo que queda si algo queda. Era eso.
Dibujé un cálculo amarillo en mi frente el logaritmo de la lluvia. Siempre es complicado hacer llover porque la lluvia se inventa sola es un arte en sí misma. Sin embargo caminé con ella como si fuera mi novia. Y aunque cuando la luz me despertó ya no llovía. En mi cama aún se olía la tormenta. Mauricio Escribano Imagen Helene Desplechin
Ni mi aliento quedó en pie. Dicen que la sangre se me llenó de algas. Que no hubo fiebre. Que de mi boca escapó el último poema, desnudo de adjetivos. Fue rápido. Dicen que por momentos, hablaba solo. Que en el viento escuchaba tu voz. Que me arrojé desde una cúpula de hierro, en lo más alto del amor. Cuentan, que se me partió el corazón, mucho antes de echarte de menos. Mauricio Escribano Imagen Sotiris Lamprou
Será la noche y su inclemencia que sólo quiero abrazarte cuando mi corazón arde como un papelito y apoyo mi mentón sobre tu sien para que sientas las palabras que nunca te dije. Dios me castiga por las noches. Entonces planeo darte una vida mejor traerte jazmines por ejemplo. Las noches me son gratas aunque duelan. Porque cuando el día llega mi mente se llena de mí y el cuerpo me duele de mí. Todo empieza y termina como siempre. Vuelve la noche con su memoria triste vos estás dormida tras un muro de alas azules y mi corazón sin hacer ruido sólo quiere consolarte. Mauricio Escribano Imagen Albano
No sabía que al abrir la puerta me esperaban fiordos de mares indiferentes, ni que atravesaría bosques habitados por dioses desconocidos. No, la verdad es que ignoraba, que al dejarte atrás, la soledad sería un paisaje de gigantes, donde apenas me querías. Mauricio Escribano
Anoche nací de tus ojos. Me trajiste de un punto lejano, desde un grito caído en una calle cualquiera. Adivinaste mis pisadas. Recolectaste mis silencios, los llevaste a tus labios. Te repito. Anoche nací de tus ojos. Te vi llorar. Y en tu boca besé las palabras que ya no encontraba. Mauricio Escribano Imagen Helene Desplechin
ella me dijo que fue “así" y “así” y “así” … de hermosa! eso fue lo que me dijo lo otro que me dijo no fue dicho y es que ya no se siente "así" de hermosa pude haberle contestado —lo que pasa amor es que nunca te viste "tan hermosa" como cuando yo te amaba sin embargo me quedé en silencio es que a veces las palabras asoman de la muerte y ya estaba todo dicho sin decirle nada
La vi en la esquina de la Biblioteca. No, no la vi. Se me mostró que no es lo mismo. Tantas cosas para ver, y ella brilló como un relámpago. Porque quiso, claro. Desató su pelo de alas negras, y me asaltaron golondrinas en el aire. Si lo pienso, los dedos se me meten en los ojos. Yo era un ángel agotándose en el libro de otros besos. Ya estaba próximo. Y venía de recorrer un tiempo muerto. Por eso haciendo un ademán me señaló con su sonrisa. Quiso que me acerque a respirarla. Claro, que quiso. Recién entonces comprendí, que yo venía caminando de muy lejos. Sobre una linea en la palma de su mano. Mauricio Escribano Imagen Manuel Garcia Campos
Se han burlado de mi muda valentía, han dicho que era fácil treparse a un hongo de labio suave, que cualquiera estrella un beso contra un pájaro, y muerde peces rojos en tus pechos desbordados. Me acusan de haberte convertido en una lluvia imaginaria, andan en mi búsqueda, hablan de mi insomnio, y asan liebres en la noche, pidiendo tu piel nacida en marzo. Para ellos tengo trampas forestales, manos que doblegan maquinarias, oscuras luces de filo inmóvil, capaces de hacer tiempo como lobos en la sangre. Vienen por mí, pero quieren mi zafiro, la tinta de mi memoria tatuada en el vinilo de tu nuca, te quieren a ti, que te arrepientas hasta desnudarte, levantarán cruces, encenderán árboles, querrán quemarte sino renuncias a lo nuestro. Ya se construyeron hombros parecidos a los míos, fuegos surrealistas para que no me extrañes, te dirán que el amor es un hueso que sueña. Les dirás que soy un hombre solitario, que vivo al sur junto a la infancia, que se den prisa en volver entre tus cosas. Ellos no saben que yo aprendí de ti el arte de la magia, te verán niña, diles que te arranquen de mis ojos, que me caigan como bestias cuando duermo, que tu estarás a salvo si me matan. Se darán coraje mutuamente, apuraran el paso por vengarte, y cuando vengan, yo ya estaré llegando para calmar tu boca inmensa.