no voy nunca al cementerio/para mí que los muertos están enterrados en el cielo/ aprendí que el borde de una tumba es una nube/ y la muerte un suspiro que alza vuelo. Mauricio Escribano Imagen Analía Manetta
se quema entre mis dedos. Dejo que se escabulla no es más que una muchacha de ojos asustados. Ya vienen las sombras como pájaros la noche a su modo arderá en sus propias luces. Yo tengo los ojos de un hombre que ha vuelto del fuego. Mauricio Escribano Imagen Helene Desplechin
Parecía que nadie más había hecho crujir las hojas numerosas de aquel bosque Ahí estaba abierto y derrumbado bajo un sol de sangre seca con un letrero que ya no dice nada Al fondo había estantes llenos de pájaros sombras chinas rondas de brujas y los dientes de un poeta que murió hace casi un siglo Me reconoció de inmediato quizá esperaba que yo vuelva a perderme buscando aquel juguete de la infancia Pero esta vez nos miramos seriamente riéndonos a carcajadas Mauricio Escribano Imagen Helene Desplechin
Parece que siempre será así la misma lluvia que nos parte al medio las mismas manos petrificadas el mismo miedo imprescindible para lo nuestro. Y por cada noche mojada encenderemos una vela. Pero jamás nos rendiremos a la lluvia. Mauricio Escribano Imagen Walter Daniel Fuhrmann
Quiénes preguntan quiénes quieren saber si he roto alambres o si he perdido mi cuchillo a la altura de otro invierno. Quién argumenta mis impulsos en noches de aguardiente a quién le importa si observo el mundo debajo de los astros. Este furor ha sido antes labio en la hierba pestaña y risa. Y su lenguaje legislaba precipicios bosques de azules transparencias. Quienes preguntan no ven que vengo de perderte que si te nombro me habré perdido. Mauricio Escribano Imagen Nishe
Ya hay un hombre que te puebla de sardinas de vinos colegiados a la hora de las brujas. Tendrá lo pulcro de tu sexo pero le ocultarás mis feroces dibujos en tu cara y el terrible altar donde nos volvíamos traslucidos. Sé cómo si engarzara un brillante que su mirada aún no te ha visto él sólo impone su voluntad desliza sus músculos se desvanece en lo inmóvil. Hasta el último futuro se aprende en el potrero y el ahora es una carta que aguarda ser abierta. Decide ¿De quién es tu dulzor la luz de tu nostalgia? Vos también sabes que aunque no nos quede nada dentro tuyo mi latido es incesante.
¿Cómo aún esta maldita voz me despierta en la mañana para decirme que no estás?... —...Ya más, amor. Tenes que comprender que para mí soportar mi soledad es confundirte con la muerte. ¿Qué hay allá dónde vivís ahora, amor? Una vez solté a mi ángel para que lastime a picotazos tu silencio. Nunca regresó, quizás este con vos en algún rincón quién sabe dónde. A veces cuando llevo un dedo a mi boca imagino (como si estuviéramos espalda con espalda) que vos haces lo mismo. Y estoy seguro que la causa de mi ansiedad se debe a las veces que esperas el colectivo y no llega. Después me obligo a pensar que estoy loco que vos estás en un lugar donde la hierba crece potentísima y la tierra es roja. Te veo tomando mate o bailoteando por un poema mío disparado desde un arco. ¿Quién será el arquero, amor? Tal vez el ángel no se ha ido de mi lado y recoge mis poemas para disparártelos. Quizás sea él quien me despierta en la mañana para decirme que no estás... —...ya más, amor. Mauricio Escribano Imagen Antonio Palmerini
la vi entre las flores efímeras en medio de un delirio sabiendo que se desvanecía cada noche acudía puntual al insomnio y éramos tan novios que el viento inclinaba tormentas sobre nuestras visiones ella me hincabas las uñas en nombre del desvelo y yo con los dientes levantaba su falda para darle la lluvia acaso por eso se quiso morir dónde el agua brillaba y yo quise al morirme con ella encontrarla de nuevo Mauricio Escribano Imagen Laura Makabresku
después de hacerte el amor a mí se me ensanchaba la voz si cerraba los ojos veía claramente una cúpula sobre un pozo de agua y bebía y ambos cabíamos en el vacío ‹‹ninguno de los dos pensó que hay cosas que terminan sin final››
después de hacerte el amor la música de tu cuerpo permanecía abierta vos eras un jardín a orillas de la luna y yo era algo desnudo como el viento Mauricio Escribano Imagen Niña Amatista
no te hagas la loquita no te das cuenta que por más que te sujetes el pelo y te cuelgues un faso de los labios a mi amor las 50 Sombras de Grey le quedan chicas a mí me gusta tu proyecto de ardilla tus ojos de ardilla tu pelo suelto como el telón del universo de las ardillas y me gustan tus labios de corazoncito tu manera de masticar vergüenza cuando repetís que mi boca te produce toda clase de sueños así que no te pongas a destiempo caprichosa ni te molestes en hacerte la Maga como todas las minitas yo no quiero magia yo quiero milagros Mauricio Escribano Imagen Laura Makabresku
Un cuerpo tiene su abatimiento un día son dieciocho mil días en un hombre de cincuenta años sin embargo hay algo en mí que sigue intacto tal vez sea eso que aún me falta por vivir Mauricio Escribano Imagen Analía Manetta
es la única ropa limpia la que dejo para lo último la peor que tengo la que sólo uso para andar de entrecasa pero acá estoy en una esquina de Adrogué con esta remera arrugada que me queda chica y unas bermudas viejas que me quedan chicas pienso en toda esa ropa que regalé la doné a gente muy necesitada quise deshacerme del pasado y un amigo dijo que estaba mandando ropa al Chaco a una comunidad aborigen también pienso que hace siglos fueron obligados a vestirse no sospeché que yo también sería pobre ni que engordaría (porque es sabido que la pobreza engorda) y la poca ropa que había guardado comenzaría a romperse y a quedarme chica pero acá estoy en esta esquina de Adrogue mirando a un perro que se acuesta entre las plantas de un cantero completamente desnudo y a un pájaro sobre el cableado eléctrico cantando desnudo y hace mucho calor como en el impenetrable chaqueño y ahora sospecho que me falta poco —tal vez un año más— para que mi vida sea liviana y simple y nada separe mi piel de la naturaleza Mauricio Escribano Imagen Carolina Luengo
también el amor sale de los sueños y le basta un aullido para crecer en la noche no hay quién me vende los ojos ni me retenga cautivo si mi amor reverbera como el trueno Mauricio Escribano Imagen Bairon Rivera
pregunta por este que soy en los extremos extraviado en los postigos de la noche caballo a lo lejos azul interminable pero no se te ocurra ir más allá de mi cadáver donde impera el sudor de los milagros que no se te ocurra roer mi nombre más allá del hueso pregunta por mí del lado que te incumbe cuando todavía es mía tu fragancia no golpees las puertas del invierno aún no digas adiós desde el alto desconsuelo escríbeme la luz intenta una vez más hablarme con la lúcida frescura del jazmín en defensa del amor y su inocencia Mauricio Escribano Imagen Aela Labbé
el verano ya era inmóvil toxicómano con su rostro de alcanfor aspiraba flores rojas tras un silencio de cigarras la calle nacía de mí quién sabe hacia dónde y una nube daba pasos de agua baja sólo la voz dulce de un ángel acampaba en la hierba o eran novios diciéndose membrillos en los labios esa noche fui ofuscado por mosquitos muy llorones y así me dormí en el aire yendo a ser pájaro Mauricio Escribano
Yo penetraba tus olores buscaba en tus ojos componentes veía que tus muslos luminosos eran como lámparas y fui frágil y permeable a los delirios que importabas de tu boca. Hoy es preciso continuar hacer de esta quietud un movimiento que nos salve del futuro. Hay que sacarle filo a las estrellas de esta noche y pulir la lágrima lejana hasta que brille. Mauricio Escribano Imagen Aela Labbé